miércoles, 10 de agosto de 2011

Los ecolocos atacan de nuevo

Einstein dijo: 
"Solo hay dos cosas infinitas: 
el universo y la estupidez humana. 
Y no estoy tan seguro de la primera…"

Desde hace tiempo, he notado con horror cómo van tomando fuerza grupos ecologistas radicales como los que hicieron explotar el lunes un sobre bomba en el Tec de Monterrey, Campus Estado de México, y aparentemente mandaron otro a el Instituto Politécnico Nacional. Si creen que la violencia criminal o la violencia religiosa es mala, no se compara con la que puede desencadenar un ecologista radical. Para entender por qué, recurramos por un momento a un personaje ficticio del universo de Batman: Hiedra Venenosa (Poison Ivy).



La doctora Pamela Lillian Isley era una atractiva botánica de Seattle, con grandes conocimientos acerca de las plantas. Sin embargo, el científico Jason Woodrue (alias el Hombre Florónico) experimentó con ella, inyectándole toxinas en la sangre para que hacerla inmune a cualquier tipo de venenos, virus y bacterias. Esto le dio otras habilidades convirtiéndola en Hiedra Venenosa. Las toxinas también la hicieron estéril y desde entonces ella trata a sus plantas como niños. Woodrue escapó de las autoridades, abandonando a Pamela en el hospital durante seis meses. Enfurecida por la traición, Pamela sufrió violentos y bruscos cambios de humor. Después de que su novio tuvo un accidente de coche, Pamela abandonó sus estudios y dejó Seattle con destino a Gotham City. Allí cometió su primer delito: amenazó con liberar sus esporas mortales en el aire a menos que la ciudad aceptara sus demandas. Así se hizo conocida como Hiedra venenosa. Batman, que había aparecido en Gotham el mismo año, frustró sus planes encerrándola en el Asilo Arkham. (fuente: Wikipedia)


Si revisan con cuidado el personaje de Hiedra Venenosa, notarán que, de entrada, lucha por una causa que parece justa: Preservar las especies vegetales y librar al mundo de la contaminación son dos banderas con las que casi nadie podría estar en desacuerdo. El problema es que ha llevado el postulado al extremo, decidiendo que la raíz de la destrucción de las selvas y la contaminación es la humanidad, y por lo tanto es necesario erradicarla para que las plantas puedan prosperar. No es de extrañar que la pobre haya terminado marchitándose lentamente en un asilo para enfermos mentales.


Lo mismo ocurre de tanto en tanto con los ecologistas que se tornan radicales. Como "Individualidades tendiendo a lo salvaje", el grupo que se ha adjudicado el sobre-bomba del TEC. El incoherente comunicado que han dejado para justificar su ataque revuelve temores infundados con temas no relacionados, confunde la ciencia y la tecnología con la ética y la economía, y propone falsas causalidades para desembocar en la idea de que la nanotecnología, la informática, sus efectos y consecuencias, son un instrumento de la dominación mundial que debe ser erradicado. Como "consecuencia lógica", están amenazando con mutilar y hasta matar a los científicos, investigadores, catedráticos y demás "escoria que están reduciendo a la Tierra en mero desperdicio urbanizado". Y hasta amenazan a algunos investigadores por nombre y apellido.


Para empezar, la tecnología y la ciencia son cosas diferentes. Un científico lo único que busca es entender cómo funciona el Universo en el que estamos. Lo que lo diferencía de un filósofo (o de un charlatán) es que para hacerlo recurre al Método Científico. No todo lo que experimentamos puede ser traducido en un principio científico. Por ejemplo, la Ciencia jamás podrá demostrar si existe o no Dios, por la sencilla razón de que Dios no es un proceso o fenómeno comprobable y repetible en laboratorio. Para la ciencia, Dios no existe, pero eso no impide que haya muchos científicos que crean en Dios sin que eso les represente algún tipo de conflicto existencial.


La tecnología es el conjunto de conocimientos y técnicas que poco a poco ha ido acumulando la humanidad: Desde el caminar erguidos hasta las aplicaciones nanotecnológicas. La tecnología ni siquiera tiene que ver forzosamente con la ciencia: hay un montón conocimientos empíricos que se han ido transmitiendo de generación en generación como el lenguaje, la escritura, las artes, la fabricación de herramientas o la creación de fuego que son tecnologías desde mucho tiempo antes de que Descartes propusiera el Método Científico.


Ahora viene la parte interesante: La tecnología no es buena ni mala por sí misma, sino mediante el uso que se le da. Una mente criminal, por ejemplo, puede convertir prácticamente cualquier objeto en un arma letal. Por ello, culpar a un científico o a un profesor por un posible mal uso a futuro de lo que está investigando o enseñando es, simplemente, estúpido. Es como culpar de la bomba del lunes en el a Alfred Nobel, el inventor de la dinamita, a Lord Rayleigh, estudioso del Nitrato de Amonio, y a Luigi Galvani, el inventor del proceso de galvanizado utilizado en los tubos de agua, exculpando a los individuos con tendencias salvajes que fabricaron su sobre bomba a partir de estas tecnologías. 

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