lunes, 4 de julio de 2011

El Falso Dilema

Según la Wikipedia, una falacia o sofisma es un patrón de razonamiento incorrecto que aparenta ser correcto. Uno de los más comunes en tiempo de elecciones es el "falso dilema".


El falso dilema es una sobresimplificación que pretende reducir la solución de un problema a sólo un par de soluciones posibles, cuando en realidad existen más. Por ejemplo, uno clásico es la frase: "están conmigo o están contra mi": El hecho de que no esté de acuerdo con tu punto de vista no significa forzosamente que esté de acuerdo con el punto de vista de tus enemigos.

Otro falso dilema muy común en tiempo de elecciones, que sorprendentemente mucha gente da por válido, es la falacia del voto nulo. Los que pierden culpan a los que anularon su voto y a los que se abstuvieron de votar de "regalarle su voto" al que ganó. En otras palabras, no sólo no pudieron convencer al electorado, sino que encima le echan la culpa de su propia incapacidad.

Estas falacias son sintomáticas del profundo carácter antidemocrático de nuestra sociedad. Aquí cualquier diferencia es sinónimo de conflicto, y el perdedor jamás acepta su derrota, echando mano de conjuras imaginarias para explicar por qué los demás tienen la culpa de sus fracasos. Duele aceptarlo, pero somos un pueblo inmaduro, incapaz de aceptar que hay puntos de vista diferentes y de asimilar las derrotas, y por lo tanto incapaces de tomar decisiones.

La derrota es un paso inevitable que hay que repetir si uno desea alcanzar el éxito. Pero por alguna extraña razón, el mexicano piensa que triunfar significa no equivocarse nunca. Esto por supuesto es una utopía, y como toda utopía es imposible de lograr. Ese chip nos impide aprender de nuestros errores, y por lo tanto nos sabotea nuestras propias posibilidades de éxito.

La razón por la que seguimos teniendo Dinosaurios es porque seguimos siendo primitivos. No sé ustedes qué piensen, pero creo que ya va siendo hora de que maduremos como sociedad. De dejar atrás la intolerancia y empezar a aceptar a los demás. No digo tolerar, sino aceptar, porque para aceptar a los demás hay que aceptarse a uno mismo. Y eso comienza por reconocer las propias equivocaciones, y las derrotas. Por dolorosas que éstas sean. El día en que todos aceptemos naturalmente los resultados de las elecciones, gane quien gane, como sucede en buena parte del mundo, habremos dado un paso enorme como sociedad.

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