viernes, 6 de mayo de 2011

Los Chaqueteros

Los libros de texto dicen que desde el nacimiento mismo de México siempre nos hemos dividido políticamente en dos bandos. Criollos y Peninsulares, Realistas y Republicanos, Conservadores y Liberales, Porfiristas y Antireeleccionistas, Convencionalistas y Constitucionalistas, Revolucionarios y reaccionarios, capitalistas y comunistas, neoliberales y altermundistas. Pero en la práctica las camisetas sólo se las ponen unos cuantos ideólogos. En realidad, nuestros políticos nunca han tenido empacho en cambiar de ideología una y otra vez mientras así convenga a sus intereses. Son, siempre han sido y serán el verdadero peligro para México: los Chaqueteros.

Un chaquetero es un individuo narcisista que cree que todo lo merece, por eso ingresa a la política, buscando el reconocimiento a sus méritos. Se dedica a adular descarada, obsesiva y servilmente a las figuras de poder para mantenerse bajo su esfera de influencia y protección. A menos, claro, que logre hacerse él mismo del poder: entonces se convierte en un déspota, dejándose seducir por su propia corte de aduladores. O que caiga en desgracia, en cuyo caso simplemente cambia de bando y de la noche a la mañana ataca todo lo que el día anterior decía apoyar. El nombre de chaquetero les viene desde tiempos de Juárez, y no tiene nada que ver con el onanismo, sino con el hecho de que cambian de ideología con la misma facilidad con la que se cambia de chaqueta.

Todos conocemos a este tipo de individuos. El más famoso fue Antonio López de Santa Anna. Cambió de bando innumerables veces, y siempre se le recibía con los brazos abiertos. Aún cuando vendió medio país para su propio beneficio. Pero si se fijan bien aún hoy hay chaqueteros en los Congresos, en las Secretarías de Estado, en las Dirigencias de los Partidos Políticos, en las Presidencias Municipales, en las Gubernaturas... gente que se supone son nuestros representantes pero sólo se representan a sí mismos y a sus intereses. Gente que un día defiende un partido y al día siguiente defiende todo lo contrario. Son presa fácil de la envidia y la corrupción, y no mueven un dedo por nada ni por nadie si no obtienen a cambio un beneficio personal.

Pero es un problema cultural: en las escuelas, los centros de trabajo, los hospitales... en todas partes es un patrón que se repite una y otra vez. El listo no es el que sabe más, sino el que se aprovecha de los demás. Pero los demás tambien se aprovechan en cuanto tienen la oportunidad. Todos contra todos. Por eso no sorprende que el día de hoy estemos al borde de una verdadera guerra civil: lo sorprendente es que no hayamos llegado antes. El grito de "estamos hasta la madre" cada vez es más generalizado y no sólo se refiere al crimen organizado sino a toda esta situación: políticos insensibles, gobiernos incapaces, diputados incompetentes, jueces corruptos, policías criminales. Y una lucha contra el crimen tan delicada como la pesca con dinamita. En resumen, ya estamos hasta la madre de políticos chaqueteros y la violencia en que tienen sumido este país. Y no sólo los del partido del presidente, sino todos los demás. Como los oportunistas que se han querido colgar de iniciativas como la actual Marcha Nacional. Ya Basta.

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