sábado, 5 de diciembre de 2009

El "Santo Culichi"

Una figura muy peculiar de la cultura mexicana es Jesús Malverde, a quien el gobierno ha acusado injustamente de ser "el Santo de los Narcotraficantes" y cuyo culto está siendo perseguido activamente, junto con el de la Santa Muerte. Sin embargo, así como prohibir el culto a la Santa Muerte es un esfuerzo tan inútil como prohibir el culto a la Virgen de Guadalupe, prohibir el de Jesús Malverde es como prohibir el culto a San Judas Tadeo: a fin de cuentas, son manifestaciones de una misma necesidad espiritual que no debe menospreciarse. Además, la de Jesús Malverde es una historia muy interesante que podríamos catalogar dentro de la de los bandidos benefactores, al estilo de Robin Hood, Chucho el Roto y el Pancho Villa pre-revolucionario.

Su abuelo, Abraham Malverde, había heredado a su padre una pequeña parcela de tierra a las afueras de Culiacán. Don Abraham había tenido que cambiarse de apellido al llegar a la ciudad para ocultarse de la ley, puesto que era buscado en Mazatlán por haber matado a un hacendado que había violado a su hermana y asesinado a su padre. Así es que sus hijos y sus nietos fueron registrados con el apellido Juárez, incluyendo a Jesús, quien nació en un cuarto prestado por unos campesinos a las afueras de Mocorito, Sinaloa, el 28 de Junio de 1876.

Tras presenciar la muerte por inanición de su padre durante la peor sequía registrada en la historia del Estado de Sinaloa, el pequeño Jesús se fue llenando desde muy pequeño de rencor contra los hacendados que a unos cuantos pasos acaparaban alimentos mientras su familia moría de hambre. Durante un tiempo intentó cultivar sin éxito la milpa yerma de su padre, pero finalmente se rindió y decidió enrolarse como peón en la construcción del Tren del Pacífico. El gusto le duró tan sólo un par de años, puesto que al terminar el tendido de las vías se terminó también el trabajo.

Después entró a trabajar en la hacienda minera de El Oro, propiedad del Gobernador Francisco Cañedo, pero éste al verlo muy joven se negó a pagarle lo mismo que a un adulto. Jesús explotó de indignación, arrojándole al Gobernador una bolsa de herraduras a la cabeza que apenas logró esquivar, y Cañedo en respuesta mandó que lo azotaran y lo arrojaran a una barranca para que lo devoraran los animales salvajes. Dado por muerto, Jesús sobrevivió de milagro, rescatado por los indios Mayos. Con ellos vivió durante años, hasta que un nuevo incidente con un guardia rural lo obligó a abandonar la aldea y en su huida fue a dar a una comuna de Chinos que cultivaban clandestinamente amapola en la sierra para producir opio que llevaban después a vender a Guaymas.

Debido a sus habilidades con las armas, los chinos lo contrataron para cuidar los sembradíos y proteger el envío a puerto de la preciosa carga. A cambio recibió mucho dinero, pero todo lo fue repartiendo entre los pobres en el camino hasta quedarse con las manos vacías. Este hecho le ganó notoriedad pero llamó demasiado la atención sobre su persona, siendo seguido por mucha gente necesitada que lo buscaba para pedirle ayuda, aún cuando se hubo quedado sin dinero. Por ese motivo se vio obligado también a abandonar la aldea de los chinos.

Ya por su cuenta, Jesús decide cambiarse el apellido por el de su abuelo y formar una gavilla que se dedicó a asaltar diligencias y haciendas en los Altos de Culiacán, repartiendo la mayor parte del botín entre la gente necesitada. Nace así la leyenda de Jesús Malverde, el bandido benefactor que robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres.

Sus ataques fueron aumentando en frecuencia y monto, al grado de que el Gobernador tuvo que ofrecer una recompensa cada vez más grande sobre su cabeza. Sin embargo la recompensa no servía de gran cosa: Jesús siguió siendo el azote de la región hasta el día en que durante un enfrentamiento fue herido de gravedad por una bala. Sabiéndose herido de muerte, hizo prometer a sus amigos que lo entregarían a las autoridades para cobrar la recompensa y repartirla también entre los necesitados, cosa que se cumplió cabalmente. Se dice que a pesar de estar ya muerto, el Gobernador Cañedo mandó escenificar un ahorcamiento con su cadáver, a las afueras de Culiacán, y no contento con ello no sólo prohibió que fuera enterrado, sino que ordenó que permaneciera colgado del mezquite hasta que se lo comieran los buitres para que sirviera de escarmiento.

Pero las cosas no salieron como deseaba Cañedo. Aunque el mezquite estaba custodiado por guardias para que se cumpliera la cruel sentencia, desde la multitud que se juntó para ver la ejecución de Malverde surgió un balazo que cortó la cuerda de la que pendía el cuerpo. Después la gente comenzó a arrojar piedras sobre el cadáver hasta dejarlo bajo una pequeña montaña, creando así su tumba. Cada quien se acercó y arrojó al menos una piedra porque, aunque estaba prohibido enterrarlo, en ningún lado se decía nada sobre "empedrarlo".

Así, la tumba se convirtió en un lugar de culto hasta donde la gente llevaba piedras de su lugar de origen. La gente comenzó a rezarle a su otrora benefactor como si fuera un Santo Católico, solicitándole ayuda de la misma forma en que se le pide a San Judas Tadeo, el patrono de las causas perdidas. Cuando creció la ciudad, sus restos fueron reubicados en una capilla al otro lado del camino.

Se le relaciona con el Narcotráfico por Raymundo Escalante, de quien se dice que tras haber sido herido de bala y arrojado al mar por orden de su padre, suplicó a Malverde su ayuda e inmediatamente después fue salvado por un pescador. Desde ese momento, famosos narcotraficantes como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca y Amado Carrillo Fuentes comenzaron a acudir a la capilla de Malverde.

Sin embargo, decir que todos los que le rezan a Malverde son narcotraficantes es como decir que todas las mujeres que le rezan a San Nicolás (sí, Santa Claus) son prostitutas. El culto a Malverde es mucho más amplio y antiguo, pues acaba de cumplir cien años, y no sólo es una lástima sino un verdadero abuso de autoridad que amparado en la lucha contra el narcotráfico el gobierno esté destruyendo capillas de Malverde. Más que acciones contra el narcotráfico, estas acciones parecen una cruzada desesperada contra los cultos alternativos que están robándole clientes a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Pero, como demuestran los últimos 2,000 años de historia, las Guerras Santas nunca han terminado bien. ¿No creen que ya va siendo hora de que aprendamos la lección?

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