domingo, 22 de noviembre de 2009

Lecciones de la Gripe Española

Como saben, el virus de Influenza A/H1N1 es un viejo conocido de la humanidad, que en 1918 fue conocido como Gripe Española. Fue detectado por primera vez en Kansas, en marzo, y sin embargo durante la primera oleada de la enfermedad hubo pocos fallecimientos. No fue sino hasta mediados de octubre, cuando mutó en una versión más virulenta, que realmente se convirtió en una pandemia altamente mortal. Siguiendo su patrón histórico, la versión de 2009 detectada por primera vez en abril, a fines de noviembre ya tiene dos mutaciones preocupantes: una cepa altamente virulenta en Noruega y otra resistente al Tamiflu en Gran Bretaña. Y ya empieza la segunda oleada de la enfermedad.

Lo preocupante del caso es que, tras la alerta y reacción inicial desproporcionada, se está cayendo en la trampa de considerar que el virus no es tan peligroso como originalmente se había pensado. Pero piénsenlo dos veces: si mutaciones como la noruega se hacen resistentes ante los dos únicos antivirales que tenemos para combatirla (tamiflu y relenza), estaremos tan desprotegidos ahora como en 1918.

Por eso, ante la inminente segunda oleada de esta enfermedad, y aunque las autoridades sanitarias están minimizando ahora el problema, es muy importante prevenir el contagio siguiendo religiosamente las indicaciones de lavarse muy frecuentemente las manos, utilizar gel antibacterial, no saludar de mano ni de beso y acudir inmediatamente al doctor si se presentan los primeros síntomas. Y aunque el tapabocas no es eficaz para prevenir que te contagies, sí lo es para prevenir que tú contagies a alguien, así es que si tienes síntomas, por favor póntelo en tu camino al hospital.

Finalmente, es mil veces preferible que te regresen a tu casa por tener un simple resfriado o una gripe estacional a esperarte hasta que sea demasiado tarde.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Los años perdidos

Hoy se cumplen 99 años del inicio de la Revolución Mexicana. Como con nuestra Independencia, conmemoramos el día que empezó, y no el día en que terminó. Entre otras cosas, porque no queda muy claro cuándo fue eso: ¿fue en 1911, cuando Madero entró triunfante a la Ciudad de México? ¿en 1913, cuando Huerta se echó a Madero? ¿en 1914, cuando Huerta fue derrocado por Zapata, Pancho Villa, Obregón y Carranza? ¿fue en 1917, cuando el Congreso promulgó la nueva Constitución? ¿en 1919, cuando Carranza mató a Zapata? ¿sería acaso en 1920, cuando Obregón mató a Carranza? ¿en 1923, cuando Calles y Obregón mandaron emboscar a Pancho Villa? ¿en 1928, cuando Calles se echó a Obregón?¿en 1929, cuando Calles fundó el PRI? ¿en 1936, cuando Lázaro Cárdenas mandó a Calles al exilio? ¿en 1938, con la expropiación petrolera?

Así nos la podemos llevar ennumerando hitos "revolucionarios" durante todo el Siglo XX hasta llegar al triunfo de Vicente Fox en el 2000. La verdad es que no hay un momento determinante a partir del cual uno pueda decir: aquí acabó la Revolución. De hecho a estas alturas del partido ni siquiera está claro si realmente ganamos algo con la Revolución Mexicana. Por ejemplo, tenemos "sufragio efectivo y no reelección" pero a pesar de ello tenemos prácticamente los mismos Diputados y Senadores Federales desde hace 15 años, jugando con las reglas de los plurinominales y saltando entre una y otra Cámara. Se supone que "La Tierra es de Quien la Trabaja" pero otra vez tenemos grandes terratenientes y los ejidos que quedan están quebrados: simplemente cambiamos los "peones de hacienda" por "trabajadores eventuales" que salen todavía más baratos porque sólo se contratan en época de cosecha.

Otras herencias de la Revolución son igual de cuestionables: tenemos unos Sindicatos corporativistas que tienen paradas áreas estratégicas del país como la generación de energía y la educación, ya que no fueron creados por los trabajadores para defender sus intereses sino por el Estado para manipularlos y mantenerlos bajo control. El petróleo es "nuestro", pero la mayoría de los mexicanos jamás hemos visto un peso de nuestro petróleo y lo que es peor: está a punto de terminarse y no tenemos manera de buscar y extraer más. Nuestros servicios de telecomunicaciones se cuentan entre los más caros del mundo, sólo superados por países destruidos por la guerra, como Afganistán. Tantos años de hacerse de la vista gorda permitiendo que creciera el crimen organizado nos tienen hoy en un estado de violencia tal que hay más muertes por esta causa en nuestro país que soldados americanos en Irak. Y gracias a la política revolucionaria de convertirnos en un país de maquiladores, la diferencia del poder adquisitivo entre México y Estados Unidos es hoy tan grande que tuvieron que ponernos un muro de alta seguridad en la frontera para evitar que los paisanos se sigan fugando.

Sin embargo, la peor herencia de 99 años de Revolución es esa incapacidad tan mexicana que tenemos de ponernos de acuerdo. La negociación está mal vista, y por lo tanto no existe: los debates en las Cámaras del Congreso son interminables monólogos donde la tribuna, cuando no es secuestrada, es utilizada para atacar, imponer, denunciar, vociferar, ridiculizar, pero jamás para proponer, escuchar, negociar y consensar. Eso sí, a la hora en que la Nación les pide cuentas por las tonterías que votaron en la cámara, la culpa es del Presidente. Bendita Presidencia que le permite a los legisladores de todos los partidos lavarse las manos y descargar todos los pecados en la figura de una sola persona. Otra herencia de la Revolución.

La verdad es que no sé qué tanto le festejan a una Revolución cuyas desastrosas consecuencias seguimos pagando hoy, cien años después. A lo mucho el 20 de Noviembre debería ser día de duelo nacional, en honor al millón y medio de mexicanos que murieron engañados durante la bola y la guerra cristera para que al fin de cuentas las cosas terminaran quedando igual.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Die Wende (El Cambio)


Me es difícil recordar un día más esperanzador que el 9 de Noviembre de 1989. Ese jueves (poco antes de las 7 de la noche en Alemania, medio día en México) se interrumpieron las transmisiones de radio y televisión para darnos una noticia que muchos no esperábamos escuchar en el transcurso de nuestras vidas: "Se acaba de abrir la frontera entre las dos Alemanias". Posteriormente pudimos ver en vivo las imágenes de gente atravesando los puntos fronterizos en Berlín, brindando y abrazándose, llorando de alegría.

A partir de ese momento y durante todo ese fin de semana se vieron escenas inolvidables, como la de Soldados de ambos lados llorar abrazándose, gente bailando y brindando con champaña, algunos espontáneos derribando el muro con picos y mazos, otros mejor organizados usando sierras eléctricas y martillos neumáticos, y por supuesto: Msistlav Rostropovich, el más grande virtuoso de Cello de la historia, dándose el gusto de sorprender a los corresponsales internacionales tocando su instrumento mientras el muro caía a su alrededor. Siendo él mismo un refugiado ruso en occidente, probablemente fue uno de los momentos más felices de su vida.

Quienes veíamos estas escenas por televisión tuvimos por un momento la esperanza de que el mundo podía cambiar. Alguien incluso se aventó la puntada de escribir que estábamos presenciando "el fin de la historia". Posteriormente, la liberación de Nelson Mandela en 1990, la caída de la Unión Soviética en 1991 y el nacimiento de la Unión Europea en 1993 parecieron reforzar esta idea: por primera vez en mucho tiempo, parecía que era posible reconstruir un mundo libre y en paz, sin guerras ni odios. Si los Alemanes podían reunificarse a pesar de sus diferencias, si Sudáfrica era capaz de hacer a un lado el Apartheid, si el bloque Soviético podía terminar unilateralmente con la Guerra Fría, si los países Europeos podían hacer a un lado siglos de rencillas para fundar la nación Europea... ¿Por qué no íbamos a poder terminar el resto de nosotros con nuestras diferencias?

Wind of Change - Scorpions (4:49)

Bueno, pues porque desafortunadamente los Seres Humanos somos unas criaturas muy estúpidas. Desde entonces hasta ahora hemos sido testigos de genocidios en Ruanda, Yugoslavia, Somalia y Sudán; así como de los inimaginables ataques terroristas en Nueva York, la Guerra en Afganistán y la Tormenta del Desierto, la situación inhumana que padece la población palestina en la franja de Gaza y los salvajes atentados suicidas contra la población civil Israelí, el violento proceso de Independencia del Timor Oriental, las sangrientas Guerras contra el Narcotráfico y el Crimen Organizado en Colombia y México, y la construcción de un par de muros que hacen parecer al de Berlín una simple malla de gallinero: el muro en Cisjordania y el de la frontera entre México y Estados Unidos.

¿Tiene remedio la humanidad? No sé cómo, pero quiero creer que sí. Sin embargo me encantaría que días como el 9 de noviembre de 1989 se repitieran más seguido, para que no se nos olvide. Mientras eso sucede, si quieren revivir los eventos del día en que cayó el Muro de Berlín, les recomiendo el Diario de un Muro.