martes, 21 de julio de 2009

La Espera

Hoy me llegó esta reflexión sobre el voto nulo y las elecciones del 5 de julio. Me pareció tan interesante que quise compartirla con todos ustedes.

(Imagen: Gerry Pink)

La espera es uno de los signos distintivos de nuestra cultura. En principio porque como cristianos (independientemente de que seamos religiosos o no, ya que aquí hablamos de hábitos colectivos e ideosincracia) esperamos la muerte para entrar en un mundo mejor que nos recompense de los agravios recibidos en esta vida; esperamos que alguien más se sacrifique por nosotros, esperamos el momento del juicio final en el que nos enfrentaremos a la verdadera justicia. Por ello, a la vez que ser una cultura de la espera, somos una cultura de la postergación, amante de lo venidero.

Esta pasión por la espera nos ha vuelto pacientes. Esperamos con paciencia que llegue el momento, la persona, el acontecimiento que transformará nuestra realidad personal o social. Nos abrimos a esa esperanza con renovadas expectativas cada vez que vislumbramos el posible arribo del tiempo prometido.

El problema de la espera radica en que es interminable: una vez que comienzas a esperar no puedes detenerte. Esto quizá se deba a que el ciclo de la espera aunque finito, colinda con la eternidad; el fundamento de su existencia supone que el tiempo no se mide en vidas humanas sino en lapsos mayores que superan la conciencia individual. Por esta razón es que trabajamos para el futuro, para nuestros hijos, para legar un mundo mejor del cual seguramente no formaremos parte. Esperar nos hace asumir de una manera irracional que el futuro es preferible al presente, incluso llega a adquirir mayor realidad que él.

Las campañas políticas realizadas para las pasadas elecciones del 5 de julio, nos mostraron –entre otras muchas cosas–, que la espera y la esperanza son bases del pensamiento político mexicano. Las propuestas realizadas por los candidatos fueron antes que nada promesas. A cambio de votos se nos ofrecieron promesas –nótese la carga religiosa de ambas palabras. Se nos prometió justicia, paz y bienestar social para un tiempo que no es el de hoy y no sabemos aún si llegará. La clase política da por sentada esa capacidad de espera que nos caracteriza y por ello prefiere conjugar en futuro.

Sorprendentemente, aunado a lo anterior, lo que las pasadas elecciones nos mostraron es que la espera llega a su fin. No porque las promesas se hayan cumplido o haya llegado el momento, sino todo lo contrario. La tendencia “anulista” puede revisarse desde muchos puntos de vista, pero indudablemente uno de ellos es que la posibilidad de la espera se agotó para una parte representativa de la sociedad.

La actividad en internet suscitada a partir del debate político evidenció, a pesar de su desarticulación y diversidad, la capacidad de movilización de la sociedad. Desde el foro que personalmente abrí y administré (llamado Nadie me representa) en una red social (Facebook), me fue posible observar una actitud política que hace mucho tiempo no se vivía en México: la de la participación. Gente de diversos medios y creencias se congregó en un escenario virtual para expresar su opinión, conocer a más gente con ideas similares o, al menos, ser testigo y mantenerse al tanto de los acontecimientos al respecto.

Si bien es cierto que el sector que promovió la anulación del voto y lo volvió efectivo en las urnas es menor en relación con el grueso de la población, y que dado el carácter virtual de esta movilización, esta misma resulta una evidencia más de la desigualdad social que impera en este país, no por ello es despreciable. El esfuerzo por comprender y valorar esta experiencia ha de llevarnos a la reflexión sobre nuestros hábitos sociales y la manera efectiva de transformarlos a partir de la individualidad no atomizada, la individualidad participativa que es el sustrato a que apela todo régimen democrático.

Si algo se ha ganado en las pasadas elecciones es la comprensión de que la participación social no se reduce a la espera; y que la democracia no se trata únicamente de dar anuencia a los políticos. La apropiación del espacio público es uno de los grandes triunfos de este movimiento; no porque se haya realizado a gran escala ni en la calle, sino por la deliberación interna que conlleva asumir una postura de protesta, y por lo trascendente que resulta para la vida de un país que sus ciudadanos hagan desde ella una declaración de principio.

Anular el voto no fue sólo expresión de hartazgo, fue antes que eso el planteamiento de que las cosas no podrán suceder, ni se podrán hacer como hasta ahora, fue la renuncia a la espera. Es el privilegio de todos nosotros hacernos partícipes de la reformación de nuestro entorno y nuestra realidad política y social. No debemos temer involucrarnos con aquello dentro lo cual nos desenvolvemos: la sociedad; y esto es precisamente lo que la personas que tomaron la vía de la anulación, pero sobre todo los jóvenes y los muy jóvenes han sido capaces de expresar. Construir realidades y alternativas concretas a partir de lo declarado al anular el voto es lo que sigue. Finalmente de lo que se trata es de romper el ciclo de las meras expectativas; por ello en un espacio como éste no es posible llegar a conclusiones porque las conclusiones son acciones, no esperanzas.

Sara Schulz

1 comentario:

eduardo dijo...

muy bueno el comentario, aunque no estoy del todo de acuerdo, pero me late que lo escribio alguien que definitivamente no cree en religion alguna, con esta explicacion el confirma que el ser disitinto por no creer en la religion, le da el voto de la razon, creo que la anulacion del voto va mas haya de una explicación cientifica religiosa, es mas bien un llamado de atencion no solo a politicos, incluso a los mismo votantes es la manera de participar y decir no estoy de acuerdo con las reglas que tenemos, porque hemos de votar solo por personas que tengan una corriente ideologica politica, llamese pan, prd, pt pri etc.. que no somos suficientemente maduros para poder elegir otras opciones, para poder ser votado necesito estar afiliado a un partido, yo cancele mi voto no por que quiero que haya un cambio a futuro, mas bien porque no estoy de acuerdo con lo que esta pasando "hoy", no profeso religion alguna, menos estoy afiliado a algun partido politico, no espero nada de los politicos salvo que hagan bien su trabajo que desquiten lo que les pagamos,y creo que es mucho, pago mis impuestos y sobre todo, porque es un derecho que no nos pueden negar