domingo, 26 de julio de 2009

El ya no tan misterioso pico del tucán


Todos los animales tienen sus peculiaridades, pero algunos son más peculiares que otros. Por ejemplo, el enorme pico del tucán, que representa más de un tercio de su tamaño, no sólo es motivo de risa para algunos. También ha sido durante siglos un misterio para la ciencia. Darwin sostenía que son simples ornamentos que ayudan a estas simpáticas aves a encontrar pareja. Otros biólogos han postulado que más bien son una herramienta para pelar frutas, marcar su territorio o invadir nidos ajenos. Nada más que esto puede explicar el colorido y la forma del pico del tucán, pero no su tamaño desproporcionado. ¿Por qué la evolución les dotó de un pico tan ridículamente grande?

Si no se durmieron en sus clases de secundaria, tal vez recuerden que una de las formas de clasificar a los animales es dividiéndolos entre animales de sangre fría y de sangre caliente. Los animales de sangre fría, como los reptiles, no pueden regular fácilmente su temperatura corporal por sí mismos y por eso necesitan asolearse un rato por las mañanas antes de ponerse en acción. Pero los animales de sangre caliente, como los mamíferos y las aves, sí regulan por sí mismos su temperatura corporal. Por eso, cuando nos acaloramos, los seres humanos sudamos. Otros animales que no sudan, como los perros, recurren al jadeo: sacar la lengua les ayuda a disipar el excedente de temperatura. Pero ¿cómo le hacen las aves?

Además de ser cruciales para flotar y volar, las plumas de las aves les ayudan a mantener su temperatura corporal más o menos constante, formando una capa aislante alrededor de su cuerpo que les protege por igual contra el calor y contra el frío. Además, el color y el tamaño les ayuda para este cometido: las aves tropicales tienden a ser más pequeñas y a tener plumajes más vistosos y reflejantes, mientras que en lugares más frescos las aves tienden a ser más grandes y a tener colores más bien obscuros que absorben calor, como los pingüinos. Hasta aquí todo parece bien. Sin embargo, los tucanes son aves relativamente grandes que viven en el trópico... ¡y tienen plumas negras! ¿cómo le hacen entonces para no sofocarse?

Glenn Tattersall, Denis Andrade y Augusto Abe, del Instituto Nacional de Ciência e Tecnologia em Fisiologia Comparada de Brasil, acaban de publicar en la revista Science la respuesta a este misterio. Utilizando imágenes termográficas demostraron que cuando el tucán está acalorado, los vasos sanguíneos de su pico se llenan y rápidamente disipan el excedente de calor. Pero cuando baja la temperatura ambiental se reduce el flujo de sangre, permitiendo que su cuerpo permanezca caliente. En otras palabras, el pico de los tucanes es un gigantesco radiador natural, como las orejas de los elefantes. Ésta es su ventaja evolutiva: con un pico tan grande, el tucán puede sobrevivir muy cómodamente en el trópico sin importar cuánto aumente la temperatura. Casi podríamos decir que el calentamiento global les haría los mandados, si eso no implicara la deforestación y consiguiente desaparición de su hábitat. ¿Quién se ríe ahora del pico de los tucanes?

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