jueves, 25 de junio de 2009

Un país de ciudadanos, no de acarreados

El 2 de julio de 2000, una abrumadora mayoría de los mexicanos nos unimos para plantarle un "ya basta" al régimen dictatorial que venía gobernando a este país. Sin embargo, nuestros políticos no estuvieron a la altura de las circunstancias. Libres de las cadenas del régimen "revolucionario", los partidos se dedicaron a sabotear el frágil sistema democrático ciudadano que costó tantas décadas y sangre construir para convertirlo en botín de guerra.

Esa es la razón por la que los partidos políticos designan sin consultarnos a los Consejeros del Instituto Federal Electoral. Esa es la razón por la que nos niegan de facto el derecho a votar y ser votados que garantiza el artículo 35 de nuestra constitución, impidiendo que haya candidaturas independientes a pesar de que ni el artículo 55 ni el 58 establecen como requisito para ser diputado o senador la pertenencia a un partido político. Es también la razón por la que nuestros impuestos pagan no sólo la organización de las elecciones sino también las campañas electorales, las cuales son extremadamente costosas y largas comparadas con otros países. Esa es la razón por la que mantenemos íntegramente el presupuesto de los partidos políticos, haya o no haya elecciones. Esa es la razón por la que los ciudadanos ya no tenemos derecho a criticar libremente a los candidatos, aunque conozcamos de sobra sus embustes y triquiñuelas.

Pero la fuerza que sostiene a los partidos políticos somos todos nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes. No en balde, López Obrador en su infame arenga con "Juanito" dijo que no ha mandado al PRD al carajo nada más por sus militantes. Pues claro, las bases de los partidos son su principal capital. Son la herramienta que utilizan para coaccionar tanto a las corrientes internas como a los otros partidos.

Las bases obran milagros: están siempre ahí, incondicionalmente, para apoyar a su líder o a su corriente. Llenan plazas enteras y no se van aunque llueva, truene o relampaguee. Algunos grupos hasta parecen émulos de la pájara Peggy, como el club de admiradoras de Peña Nieto o las Adelitas de López Obrador. Otros, los "activistas", son más dados a la logística: desde mandar imprimir gorras y repartir folletos hasta organizar corridas de camiones y paquetones para los que asisten a los mítines. Algunos de los activistas son herederos o beneficiarios directos de los privilegios de los partidos políticos, otros son idealistas que creen genuinamente en las cualidades del candidato o en el partido en cuestión, pero la mayoría es gente que se deja seducir por promesas que nunca serán cumplidas: si apoyas al partido, te regularizamos tu casa. Te damos becas y desayunos escolares para tus hijos. Te damos vales para comprar medicinas. Ahora sí te vamos a garantizar la seguridad. Ahora sí van a pavimentar tu calle. Ahora sí van a agarrar a los secuestradores. Te vamos a bajar los impuestos. Tenemos que evitar que las drogas lleguen a tus hijos. Tenemos que salvar a México. Bla, bla, bla.

La gente que llena las plazas, los "acarreados", es en mi opinión la parte más triste y a la vez más representativa de nuestra partidocracia. Muchas veces son los más pobres entre los pobres, y a cambio de su apoyo para la foto reciben algún incentivo económico o despensas. Muchos de estos "acarreados" asisten a mítines de varios partidos con tal de recibir algo para paliar un poco su miseria. Y es que para los partidos éstos ciudadanos sólo son parte de la escenografía, pero poco más que eso. Son los "Juanitos" que están ahí nomás para hacerle el caldo gordo al candidato y demostrar que es "popular". No se espera nada de ellos, ni ellos esperan gran cosa del candidato que tienen enfrente, porque por generaciones se ha venido repetiendo el numerito de las promesas que jamás se cumplen. Ya saben que lo único que les va a dejar el candidato es un refresco, una torta, una camiseta o una gorra, el camión de regreso y, si bien les va, un puño de monedas por su tiempo.

Ahora bien, la gran mayoría de la población ya no cree en ningún partido político, y por lo tanto ni es militante ni apoya a ningún candidato. Han visto cómo uno tras otro los diferentes partidos políticos los han traicionado. Así como en el año 2000, hace falta que pongamos un hasta aquí y hagamos valer nuestro voto. Alejandro Martí tiene una propuesta interesante: votar sólo por los candidatos que se comprometan por escrito a impulsar iniciativas como una reforma Electoral seria. Desafortunadamente todos los candidatos dijeron que sí, pero a días de la elección pocos han firmado algo. Al menos en mi distrito, ninguno de los candidatos firmó nada. Así es que con la pena, don Alejandro, pero no tengo por quién votar.

Siempre tan dicharachero, dice el Peje que si anulas tu voto, le estás haciendo el juego a la "minoría rapaz que tiene secuestrado el país". Estoy de acuerdo con él en que una minoría rapaz tiene secuestrado al país, aunque para mí esa minoría rapaz es toda la clase política. Claro, desde la óptica de la izquierda, si anulas tu voto le estás haciendo el juego a la derecha porque no estás votando por la izquierda. Y desde la óptica de la derecha bien podrían argumentar lo mismo. Sin embargo, anular el voto (no es lo mismo que dejar la boleta en blanco) no es dar un cheque en blanco y es una opción real de ejercer el derecho a votar. Para empezar, votar por un candidato independiente no tendría por qué significar "anulación del voto": la constitución garantiza a cualquier ciudadano mexicano el derecho de votar y ser votado como diputado o senador siempre y cuando sea mexicano por nacimiento, tenga 21 años (25 para senadores), no sea funcionario público en funciones, ni trabaje en el IFE, ni sea soldado, policía o ministro de un culto religioso. Además, el voto nulo es un golpe muy real a la legitimidad de los candidatos electos: ¿qué legitimidad puede tener un candidato que gana en una casilla con 100 votos a favor pero con 200 votos nulos? Eso se llama Victoria Pírrica.

Ojalá que un día lleguemos a tener un país de Ciudadanos y no de Acarreados. Mientras ese día llega, mi voto no seguirá avalando a la minoría rapaz que tiene secuestrado a México: los partidos Políticos. Sigan pensando que la gente es tonta y se va a seguir dejando eternamente. Ahí tienen el caso de Irán, para que vean lo que pasa cuando a la gente le quieren ver la cara.

1 comentario:

BLA,BLA,BLA dijo...

Muy cierto ojala algun día en verdad existan y se lleven acabo los cambios.
SALUDOS.