sábado, 6 de junio de 2009

En la mira

Imagínate esta escena: vas manejando en una calle concurrida de la Zona Conurbada de la Ciudad de México, cuando un policía en un retén te marca el alto y te pide que te "orilles a la orilla". Cuando te orillas y apagas el auto lo primero que ves es al policía apuntándote a la cabeza con una M16, con el dedo en el gatillo y exigiéndote que bajes del auto, le entregues tus documentos y abras la cajuela. ¿Tu qué harías?

Ésto me pasó el día de hoy en un retén de la Policía Estatal en la avenida Paseo de la Herradura, en Huixquilucan. La verdad es que, por más que recuerdo, creo que en el momento no sentí miedo. No sé por qué reaccioné como lo hice, la verdad es que no es que sea valiente ni mucho menos, lo que pasa es que me dio mucho coraje. Tanto, que simplemente lo vi a los ojos y le pregunté en el tono más calmado que pude: Disculpe, ¿cometí una infracción? -No señor, es un operativo de rutina para detectar vehículos robados y armas de fuego. -¿Está reportado mi carro como robado? -Señor, baje del auto y abra la cajuela. Mientras esto sucedía, cuando varios de sus compañeros (que no traían armas largas) vieron que me quería poner roñoso se acercaron al auto y lo rodearon, aunque no desenfundaron.

Entonces sí que me enojé y le dije: Mire, la autopista está intransitable quién sabe por qué razón. Tuve que salirme en Interlomas y me entero que los vecinos de La Herradura cerraron una de las Avenidas principales así que tuve que hacer un desmadre para encontrar cuál bajada sigue abierta. Luego sin motivo alguno me detiene usted ilegalmente para pedirme mis documentos y ¿sabe qué? no sólo es un abuso de autoridad ¡es inconstitucional! Pero como usted es el que me está apuntando ilegalmente con un arma le voy a dar gusto y le voy a enseñar la cajuela. Hágase a un lado que voy a abrir la puerta. Mire. Aquí está mi Laptop. Traigo la computadora y los cables. ¿Ya vio? Bueno. Ésta es mi ropa sucia, que llevo a la lavandería. Mire, estos son mis calzones: huélalos pa que vea que es ropa sucia. ¿Ya vio bien? ¿Quiere revisar también abajo de los asientos? ¿no? Perfecto. ¿Hay armas? No. ¿Hay drogas? No. Ahí está: nomás me hiciste encabronar, nos hiciste perder el tiempo y todo para nada. Y ya deja de apuntarme con esa madre, no sea que se te salga un tiro. Ésta es mi licencia. Esta es mi tarjeta de circulación. ¿Está en orden? Bien. Entonces me las llevo. Adiós. Y acto seguido me subí al coche y me arranqué sin darle tiempo a reaccionar. Creo que alcancé a ver por el espejo retrovisor que sus compañeros le hacían burla. Seguramente porque lo hice oler mis calzones. Pero el coraje y la imptencia no se me han quitado todavía.

Insisto: no estoy de acuerdo y no puedo aplaudir medidas que restrinjan nuestras libertades con el pretexto de luchar contra la inseguridad. Está bien que luchen contra el crimen organizado. Pero yo nó sólo no pertenezco a él sino que el artículo 140 de la Constitución me garantiza el derecho a circular libremente sin tener que identificarme ante ninguna autoridad, a menos que esté cometiendo un crimen en flagrancia, haya sido girada una orden de aprehensión en mi contra por un juez o haya cometido alguna infracción al reglamento de tránsito. Los retenes son un abuso de autoridad, y no es un problema nada más de hoy o de ésta administración: desde que tengo uso de memoria he visto retenes militares en las carreteras. Todos los partidos los apoyan: en esta ocasión me detuvieron Policías Estatales de una administración Priísta. Ya me han detenido también Policías del Distrito Federal, que es una administración Perredista. Y me han detenido en retenes Policías municipales de Naucalpan, que es una administración Panista. La única diferencia es que, hasta ahora, al menos nunca me habían apuntado a la cabeza con un arma larga.

Lo peor es que el lunes van a presumir en la tele los grandes éxitos de sus operativos donde se decomisaron quién sabe cuántas armas y paquetes de droga pero ¿saben qué? no va a servir de gran cosa porque lo que logran agarrar con estos operativos es por pura casualidad. Al crimen se le debe atacar con inteligencia, conociendo su modus operandi, estudiando sus movimientos y sus ramificaciones, y en suma estando un paso adelante de ellos. No se puede ganar una guerra jugando a la gallina ciega. A menos que en realidad la tirada no sea ganarla, sino simplemente agarrarla como pretexto para infundir miedo y secuestrar nuestras garantías individuales.

1 comentario:

Oscar Fernando dijo...

que mal rato pasaste mi buen tayo pense que esto solo ocurria en mi estado aqui tambien hay inseguridad y la verdad son tan maricones que siempre se hacen los valientes con ciudadanos respetables y cumplidos que pagamos impuestos el trabajo de ellos es cuidar de nuestra seguridad, pero cuando se encuentran con los criminales les tiembla la mano, por que lo hacen con ciudadanos? Por que ellos saben quienes son loa criminales y los protegen saludos
Y felicidades por actuar asi