sábado, 6 de junio de 2009

65 años del Día D


El 6 de junio de 1944 decidió el curso de la Segunda Guerra Mundial: con el desembarco masivo de tropas en Normandía, el más numeroso registrado en la historia, comenzó la retirada inevitable del Ejército del Tercer Reich.

Cada vez hay menos supervivientes que conmemoren esta fecha. Sin embargo es muy importante no olvidar los horrores de esa guerra. El Día D, por ejemplo, no fue el día de campo que durante años pregonó la propaganda de los vencedores: una investigación más exhaustiva reveló que fue una masacre: baste decir que el agua del mar en las zonas de desembarco se pintó de rojo con la sangre de los soldados aliados que fueron masacrados en las primeras horas por soldados alemanes atrincherados que los agarraron de tiro al blanco. Una visión más realista de lo que pasó en las primeras horas del desembarco puede verse en la película "Salvando al soldado Ryan".

Todos conocemos los horrores de los Campos de concentración alemanes y los bombardeos sobre Londres. Pero de lo que no se habla mucho es de la táctica de "liberación" que utilizaban los Aliados: arrasar las ciudades hasta que no quedara piedra sobre piedra. Muchos monumentos históricos que fueron expresamente respetados por el ejército alemán, como puentes, catedrales, escuelas y hospitales fueron destruidos completamente durante la "liberación" de Europa. En realidad, fallecieron más civiles durante los bombardeos aliados que durante la invasión alemana. Y todavía hoy, 65 años después, yacen enterradas en los campos de Francia bombas peligrosamente inestables que fueron lanzadas por los aliados para "liberarlos".

Tras la devastación de Europa, llegó el plan Marshall, que financió con dinero norteamericano la reconstrucción de los países devastados. Salvo Alemania, los países que recibieron la ayuda no debieron preocuparse por pagar esa deuda pero a cambio debieron hacer muchas concesiones a los norteamericanos durante la Guerra Fría. El resentimiento generado por esta situación es una de las razones por la que en países como Francia los norteamericanos no son muy bien recibidos que digamos.

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