martes, 10 de marzo de 2009

La rendición de Hiroo Onoda

Hoy hace 35 años, se rindió el japonés Hiroo Onoda. Formaba parte en 1944 de un destacamento japonés en la isla de Lubong, en Filipinas, y la última orden que recibió de un superior fue la de controlar la Base Aérea de Lubang sin rendirse ni suicidarse bajo ningún concepto, bajo la promesa de que "algún día volverían por él".

Poco después las tropas estadounidenses tomaron la isla, matando o capturando a todo el destacamento excepto a Onoda y otras tres personas: Yuichu Akatsu, quien se rindiera al ejército filipino en 1950; el cabo Shimada, quien falleció tras un conflicto con pescadores de la zona el 7 de mayo de 1954; y un soldado llamado Kozuka quien falleciera en otra escaramuza en 1972. Sin embargo, Onoda se negó a rendirse a pesar de las súplicas de sus familiares, quienes viajaron varias veces a la isla para intentar convencerlo, a pesar de haber sido declarado legalmente muerto en japón desde 1959.

Como nunca recibió la orden de un superior de rendirse, se negó a aceptar que la Segunda Guerra Mundial había terminado. Así que permaneció en pie de guerra durante 29 años más hasta que el 20 de febrero 1974 Norio Suzuki, un estudiante japonés, localizó a Onoda y recopiló evidencias fotográficas de su existencia. Posteriormente presionó al gobierno japonés para rastrear a un oficial superior sobreviviente, encontrando al Mayor Taniguchi, quien para entonces era un vendedor de libros. Éste aceptó volar a Filipinas y el 9 de marzo se reunió con Onoda, donde le comunicó la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial y le ordenó entregar sus armas. Al día siguiente, Onoda entregó simbólicamente sus armas al Presidente de Filipinas, Fernando Marcos, quien dadas las circunstancias le otorgó el indulto a pesar de haber ocasionado daños y hasta bajas en la población local.

Regresó a japón, donde fue recibido como un héroe, y tras visitar a su familia y a su propia tumba emigró a Brasil, donde se dedicó a escribir sus memorias y a criar ganado. Hoy Onoda sigue vivo y está de regreso en Japón, está felizmente casado y tiene una granja en donde da cursos de supervivencia para niños. Nada mal para una persona que cumple 50 años de haber sido declarada legalmente muerta.


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