lunes, 16 de febrero de 2009

Mi más sentido pésame

Por el sensible deceso de la Democracia Venezolana. Durante los últimos 10 años se estuvo debatiendo lastimosamente entre la vida y la muerte. Finalmente, el día de ayer, no soportó más aquella larga agonía y lanzó su último suspiro. Le sobrevive el heróico pueblo Venezolano. Ahora sí, a ver cómo sacan al espinito. Sólo puedo pensar en este momento en el refrán aquel de que el que por su gusto es buey... hasta la coyunta lame. Suerte. La van a necesitar.

2 comentarios:

Juan dijo...

Hola.
Considero muy superficial tu comentario. Yo viaje a Venezuela y creeme, los sectores mas pobres de la poblacion viven mejor que en Mexico.

Saludos.

TaYo dijo...

Hola, Juan. Tienes razón, tal vez es muy superficial mi comentario. Pero no tiene nada que ver con la pobreza: en México tenemos niveles de pobreza extrema que sólo se ven en el África subsahariana.

El comentario tiene que ver con la muerte de una Democracia y la tragedia del nacimiento inminente una Dictadura.

Cuando el aspirante a Dictador necesita a su pueblo para tomar el poder absoluto, por supuesto que lo trata bien. Le da atole con el dedo. Le regala dinero, casas, propiedades, títulos, comida, todo con tal de que la gente lo adore. Eso se conoce como populismo.

Poco a poco se va arrastrando a sí mismo y hacia sus seguidores a una especie de euforia, presentándose a si mismo como el gran líder que viene a salvar a la nación del peligro. ¿Cuál? No importa. Si no existe, se inventa.

En América Latina se acostumbra agarrar como enemigo al "Imperialismo Yanqui", pero los enembigos bien podrían ser los mexicanos, los argentinos, los brasileños, los europeos, los vecionos, los gitanos, los cirqueros, los payasos, los comunistas, los neoliberales, los grandes capitales, las empresas trasnacionales, los monopolios, los sindicatos, los ecologistas, los musulmanes, los cristianos, los judíos, los negros, los blancos, los café-con-leche, los rojos, los verdes, los gordos, los flacos, los vivos, los muertos, los vampiros, los hombres lobo, la bruja de oriente, el chupacabras o el mismísimo Satanás. Lo importante es crear una campaña sistemática hasta que la gente perciba al enemigo como un monstruo desalmado y terrible, capaz de acabar de una u otra manera con el líder y por lo tanto con la bonanza artificial creada por el populismo.

Éste temor le permite controlar a la población para ir metiendo poco a poco reformas enfocadas a un mismo fin: hacerse del control absoluto del poder. Así que empuja una reforma por aquí para minar el poder legislativo, otra por acá para minar el poder judicial, otra por acá para controlar los medios de comunicación, otra por acá para acabar con los partidos políticos, otra por acá para controlar los medios de producción, otra por acá para tener en sus manos los recursos financieros... y por último lanza una reforma que le permita quedarse legalmente de forma vitalicia con el poder.

A partir de ese momento, el aspirante se convierte oficialmente en Dictador.

Aquí es cuando empiezan los problemas. El Dictador se vuelve paranoico. El que no está conmigo, está contra mi. Se hacen elecciones, pero se ficha a los opositores. Se prohíben los partidos políticos. Se prohíbe cualquier visión del mundo distinta a la del Dictador. La violencia que hasta ese momento sólo estaba en el discurso, se vuelve violencia física. Se sataniza, se prohíbe y se castiga la disidencia. Se fomentan o se solapan las desapariciones, los "accidentes", las guardias blancas... es entonces cuando el Dictador se convierte en un Tirano.

El tirano deja de vivir en la realidad. Se siente mensajero divino. Se hace rodear de una corte de aduladores que se encargan de filtrarle las noticias de todo lo que ocurre a su alrededor. Sus discursos son siempre grandiosos, el pueblo siempre está contento, sus decisiones son siempre las indicadas. Pero por debajo del agua la corte crea una estructura piramidal donde cada nivel canibaliza a los niveles inferiores. Empieza el robadero y los abusos de autoridad. Se le van quitando libertades y privilegios al pueblo, hasta convertirlos en esclavos. Se reprime violentamente cualquier muestra de inconformidad.

A pesar de todo, la mayoría de la población tiende a aceptar ciegamente la realidad que ha sido presentada frente a ellos. Ya sea por miedo, ya sea por el bombardeo de propaganda. Es más, dependen tan desesperadamente de ella, que están dispuestos a luchar para defenderla. Hasta que ocurre algo tan fuerte que los sacude y los hace darse cuenta del engaño. Por ejemplo, una crisis económica, una hambruna, un desastre natural... a veces puede distraerse a la población con más medidas populistas, buscando nuevos enemigos o declarando de plano la guerra a otros países. Pero si la sacudida es lo suficientemente fuerte, nada de lo que haga el tirano podrá evitar que mucha gente despierte.

Entonces puede ocurrir que, o el tirano se da cuenta de que sus días están contados y se autoexilia trepándose en un Barco a Francia, o se desencadena una sangrienta guerra civil.

A menos que el tirano viva el suficiente tiempo y tenga lo suficientemente controlada a la población como para que no haya sacudidas y la gente se resigne a esperar su muerte. Cuando mueren, generalmente se regresa a la Democracia sin pegar un solo tiro. Nada más que, tal vez por capricho de la naturaleza, los Tiranos tienden a vivir muchos años.

Por todo esto, creo que el resultado de la elección del domingo es una tragedia, poruqe preconiza la muerte de la Democracia Venezolana. No en balde está prohibida la reelección indefinida en prácticamente todos los países del mundo. Excepto, claro está, las dictaduras.