jueves, 19 de febrero de 2009

Mateo 7:24-27

En tiempos de crisis, me acuerdo mucho de este pedacito del Evangelio de San Mateo. No, no soy religioso ni mucho menos. Pero me gusta mucho la moraleja de esta historia, aunque seguramente no la entiendo tal y como le gustaría al Padrecito de la iglesia de la esquina.

Dice así: "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, es como un hombre prudente, que edificó su casa sobre una peña. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa. Pero no cayó, porque estaba fundada sobre piedra. Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa. Y cayó, y fué grande su ruina."

Creo que, durante una crisis, se derrumban muchas cosas mal estructuradas, como las casas que están construidas sobre la arena. Es lo que estamos viendo diariamente en las noticias: bancos que quebraron por regalar tarjetas de crédito hasta en las cajas de corn flakes, fondos de inversión que por especular perdieron en la bolsa los ahorros de la gente, empresas que quebraron por haberse gastado más de lo que ganan, etc.

Pero una crisis nos da la oportunidad de reinventarnos, de aprender de los errores para volver a construir con cimientos más firmes. Es el momento para tomar decisiones trascendentes que en circunstancias normales no tomaríamos, por comodidad. Por ejemplo, salir de una vez por todas de deudas. Ponerte las pilas para no perder la chamba. Y si perdiste la chamba ¿por qué no empezar con la liquidación el negocio aquel que siempre habías querido poner?

Más allá del ámbito personal, creo que eso es lo que deberíamos estar haciendo como país, en lugar de andar diciendo que aquí no pasa nada, que si acaso nomás un catarrito, que nomás hay muertitos en tres estados, que no me mosqueen a los turistas e inversionistas, y que chin chin a los catastrofistas. Es importante ser optimistas, pero lo que estamos necesitando es un gobierno que agarre al toro por los cuernos y nos diga: A ver, cabrones, la cosa no está tan mal como piensan. Esta peor. Y si seguimos sentadotes rascándonos las narices y esperando a que los problemas se resuelvan solos nos va a cargar el payaso a todos. Y acto seguido decretar medidas pragmáticas, trascendentes, no nada más puro atole con el dedo "para no espantar los capitales". Hay que aprovechar para reconstruirnos con mejores cimientos.

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