sábado, 16 de agosto de 2008

Xibalbá: La Ciudad Maya de los Muertos

En 1870 Heinrich Schliemann, con poco más que una copia de la Ilíada de Homero, una gran fortuna y mucha fe, encontró las ruinas de la Ciudad de Troya. Aquel descubrimiento demostró que, a veces, los mitos tienen en el fondo algo de realidad. 138 años después, se está anunciando en Yucatán un nuevo hallazgo que se antoja tan increíble como debió haber parecido en su momento el descubrimiento de las ruinas de Troya: Un equipo de arqueólogos mexicanos lidereados por Guillermo de Anda Alanís ha descubierto un complejo de vestigios subterráneos que podrían resultar ser nada más ni nada menos que la mítica entrada al inframundo Maya.

Según Reuters, los vestigios consisten en una serie de 11 templos subterráneos, la mayoría con restos humanos en su interior, que podría ser parte de la ruta hacia al inframundo maya del que habla el libro sagrado Popol Vuh.

El hallazgo, que también incluyó una calzada subterránea de casi 100 metros de extensión -el primer descubrimiento de este tipo- consiste en construcciones muy elaboradas ubicadas dentro de cuevas y cenotes, algunas debajo del agua y de muy difícil acceso.

La puerta al inframundo se encuentra semioculta y se llega a ella por una especie de portal natural tapiado con piedras labradas. La entrada no rebasa el metro de altura y los 50 o 60 centímetros de ancho.

El reino de Xibalbá es descrito en el Popol Vuh como el inframundo, a donde se dirigían las almas de los hombres después de fallecer. Si no se acuerdan del Popol Vuh (seguramente lo leyeron en la Secundaria, aunque ya no se acuerden), aquí les dejo como breviario cultural unos fragmentos que hablan de Xibalbá que encontré en la Página de literatura Guatemalteca, basados a su vez en la edición de 1947 del Fondo de Cultura Económica:
Y habiendo ido a jugar a la pelota en el camino de Xibalbá, los oyeron Hun-Camé y Vucub-Camé, los Señores de Xibalbá.

---¿Qué están haciendo sobre la tierra? ¿Quiénes son los que la hacen temblar y hacen tanto ruido? ¡Que vayan a llamarlos! ¡Que vengan a jugar aquí a la pelota, donde los venceremos! Ya no somos respetados por ellos, ya no tienen consideración ni miedo a nuestra categoría, y hasta se ponen a pelear sobre nuestras cabezas, dijeron todos los de Xibalbá.

En seguida entraron todos en consejo. Los llamados Hun-Camé y Vucub-Camé eran los jueces supremos. A todos los Señores les señalaban sus funciones Hun-Camé y Vucub-Camé y a cada uno le señalaban sus atribuciones.

Xiquiripat y Cuchumaquic, eran los Señores de estos nombres. Estos son los que causan los derrames de sangre de los hombres.

Otros se llamaban Ahalpuh y Ahalganá, también señores. Y el oficio de éstos era hinchar a los hombres, hacerle brotar pus de las piernas y teñirles de amarillo la cara, lo que se llama Chuganal. Tal era el oficio de Ahalpuh y Ahalganá.

Otros eran el Señor Chamiabac y el Señor Chamiaholom, alguaciles de Xibalbá, cuyas varas eran de hueso. La ocupación de éstos era enflaquecer a los hombres hasta que los volvían sólo huesos y calaveras y se morían y se los llevaban con el vientre y los huesos estirados. Tal era el oficio de Chamiabac y Chamiaholom, así llamados.

Otros se llamaban el Señor Ahalmez y el Señor Ahaltocob. El oficio de éstos era hacer que a los hombres les sucediera alguna desgracia, ya cuando iban para la casa, o frente a ella, y que los encontraran heridos, tendidos boca arriba en el suelo y muertos. Tal era el oficio de Ahalmez y Ahaltocob, como les llamaban.

Venían en seguida otros Señores llamados Xic y Patán, cuyo oficio era causar la muerte a los hombres en los caminos, lo que se llama muerte repentina, haciéndoles llegar la sangre a la boca hasta que morían vomitando sangre. El oficio de cada uno de estos Señores era cargar con ellos, oprimirles la garganta y el pecho para que los hombres murieran en los caminos, haciéndoles llegar [la sangre] a la garganta cuando caminaban. Este era el oficio de Xic y Patán.

Y habiéndose reunido en consejo, trataron de la manera de atormentar y castigar a Hun-Hunahpú y a Vucub-Hunahpú. Lo que deseaban los de Xibalbá eran los instrumentos de juego de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, sus cueros, sus anillos, sus guantes, la corona y la máscara, que eran los adornos de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú.

[...]

En seguida se fueron Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú y los mensajeros los llevaban por el camino. Así fueron bajando por el camino de Xibalbá, por unas escaleras muy inclinadas*. Fueron bajando hasta que llegaron a la orilla de un río que corría rápidamente entre los barrancos llamados Un zivan cul y Cuzivan, y pasaron por ellos. Luego pasaron por el río que corre entre jícaros espinosos. Los jícaros eran innumerables, pero ellos pasaron sin lastimarse.

Luego llegaron a la orilla de un río de sangre y lo atravesaron sin beber sus aguas; llegaron a otro río solamente de agua y no fueron vencidos. Pasaron adelante hasta que llegaron a donde se juntaban cuatro caminos y allí fueron vencidos, en el cruce de los cuatro caminos. De estos cuatro caminos, uno era rojo, otro negro, otro blanco y otro amarillo. Y el camino negro les habló de esta manera: -Yo soy el que debéis tomar porque yo soy el camino del Señor. Así habló el camino.

[...]

Los castigos de Xibalbá eran numerosos; eran castigos de muchas maneras.

El primero era la Casa Oscura, Quequma-ha, en cuyo interior sólo había tinieblas.

El segundo la Casa donde tiritaban, Xuxulim-ha, dentro de la cual hacía mucho frío. Un viento frío e insoportable soplaba en su interior.

El tercero era la Casa de los tigres, Balami-ha, así llamada, en la cual no había más que tigres que se revolvían, se amontonaban, gruñían y se mofaban. Los tigres estaban encerrados dentro de la casa.

Zotzi-ha, la Casa de los murciélagos, se llamaba el cuarto lugar de castigo. Dentro de esta casa no había más que murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban en la casa. Los murciélagos estaban encerrados y no podían salir.

El quinto se llamaba la Casa de las Navajas, Chayin-ha, dentro de la cual solamente había navajas cortantes y afiladas, calladas o rechinando las unas con las otras dentro de la casa.

Muchos eran los lugares de tormento de Xibalbá; pero no entraron en ellos Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. Solamente mencionamos los nombres de estas casas de castigo.

[...]

MARCHARON entonces, llevando cada uno su cerbatana, y fueron bajando en dirección a Xibalbá. Bajaron rápidamente los escalones y pasaron entre varios ríos y barrancas. Pasaron entre unos pájaros y estos pájaros llamábanse Molay. Pasaron también por un río de podre y por un río de sangre, donde debían ser destruidos según pensaban los de Xibalbá; pero no los tocaron con sus pies, sino que los atravesaron sobre sus cerbatanas.

Salieron de allí y llegaron a una encrucijada de cuatro caminos. Ellos sabían muy bien cuáles eran los caminos de Xibalbá: el camino negro, el camino blanco, el camino rojo y el camino verde.

[...]

* Nota de Adrián Recinos - Nu zivan cut, mi barranco o el barranco angosto. Cu Zivan, barranco angosto, estrecho. Zivan es barranco, pero se llama así también a las cuevas subterráneas en Verapaz y el Petén; son los siguanes del lenguaje corriente. Los datos topográficos que suministra este capítulo y las indicaciones que se encuentran en otros lugares de esta Segunda Parte demuestran que los antiguos quichés tenían ideas bastante precisas sobre la localización del reino de Xibalbá, donde habitaban unos jefes sanguinarios y despóticos a quienes aquéllos estuvieron sujetos en los tiempos mitológicos. En el presente capítulo se señala, como punto de partida del camino de Xibalbá, el gran pueblo de Carchá que existe todavía a pocos kilómetros de Cobán, la capital del departamento de la Alta Verapaz. Saliendo de Carchá el camino bajaba "por unas escaleras muy inclinadas" hasta llegar a los barrancos o siguanes, entre los cuales corría un río precipitadamente; es decir, descendían de las montañas del interior hasta las tierras bajas del Petén, a los dominios de los itzaes. Al final de esta Segunda Parte se dice que los de Xibalbá eran los Ah-Tza, los Ah-Tucur, los malos, los buhos. Estas palabras, sin embargo, pueden leerse también como "los de Itzá" (Petén) y "los de Tucur", o sea Tecolotlán, la tierra de los buhos (la Verapaz). Son las dos regiones del norte de Guatemala, muy conocidas en el mundo antiguo, hasta donde los quichés no pudieron extender sus conquistas. Estos nombres confirman las indicaciones topográficas del texto. Las tribus que en tiempos relativamente recientes llegaron a establecerse en las montañas del interior de Guatemala tenían sin duda alguna creencia de que el norte del territorio estaba poblado por sus viejos enemigos, los mismos que en épocas anteriores disponían de las vidas de sus antepasados. Esos habitantes del norte eran los mayas del Viejo Imperio, una de cuyas ramas, la de los itzaes, fue la última en rendirse a los españoles en los años finales del siglo xvii. Otros datos dispersos en el Popol Vuh revelan que Xibalbá era un lugar profundo, subterráneo, un abismo desde el cual había que subir para llegar a la tierra; pero el propio documento quiché explica que los Señores de Xibalbá no eran dioses, ni eran inmortales, que eran falsos de corazón, hipócritas, envidiosos y tiranos. Que no eran invencibles se demuestra en el curso de la narración..

Curioso reino de tinieblas ése, gobernado por Señores malvados y todopoderosos pero que a pesar de todo "no eran dioses, ni eran inmortales, y eran falsos de corazón, hipócritas, envidiosos y tiranos". No me alcanzo a imaginar un lugar así... ¿y ustedes?

1 comentario:

Damian Alejandro Roma dijo...

creo que antes de opinar sobre la historia que cuentan los que vencieron habria que reflexionar un segundo.
Y no creo que una cultura que conviva en paz con la naturaleza y con ellos mismos, una sociedad superior a la actual, con mas conocimiento del que ostentamos con nuestra "tecnologia", mayor entendimiento de la medicina del que hoy disponemos. Creo que la hisoria que nos plantearon esta muy distante de ser verdad.
los españoles y demas vinieron a saquear, violar, torturar e interntar tapar una civilisaciones veces mas grande que cualquier ciudad europea del momento,
tapar literalmente porque muchos templos despues de ser saqueados y enterrados bajo enormes monticulos de tierra y construyendo sus ciudades en cima,asi y todo no pudieron ocultar su existencia.
creo que antes de decir que antes de los españoles nos "iluminaron" con su cultura, eramos monmos salvajes corriendo desnudos, y comiendo carne cruda. creo que les devemos nuestro mayor respeto a una civilicacion pacifica, armoniosa y tan sorprendente que hasta el dia de hoy nos sigue sorprendiendo.
creo que destruyeron el unico pedazo de paraizo que quedava en este castigado planeta. y creo que es hora de que los gobiernos y el baticano entre otros liberen la verdadera informacion oculta, ya que es vital para poder seguir evolucionando como especie y como seres, la tecnologia no es sinonimo de evolucion porque los problemas del hombre siguen siendo los mismos, seguimos tropezando con la misma piedra, y si la sobrevia y la ignorancia no huviesen gozado de tanto poder hoy no seguiriamos siendo los mismos simios que matan violan y torturan jente. que hasta hoy en dia sigue siendo una practica comun de los gobiernos. no de todos, otros nos agreden con la desinformacion y la manipulacion de la misma. solo por comentar un defecto de esta sociedad enferma.
la matanza indiscriminada que se llevo a cavo en America, no tiene nombre y abria que ver si esas pilas de huesos no fueron ofrendas de las culturas europeas a sus dioses(reyes) materialistas.
solo pido que se tenga respeto por estas culturas que intentaron mostrar el camino a la espiritulidad a la comunion con dios sea cual fuera la religion de cada uno, la mia es mi vida, no creo en adorar el fruto de la imajinacion. ni seguir acompañando la currupcion humana de las instituciones. pero eso es ya otro tema.no podemos seguir mirando los modernos espejitos de colores llamados tecnologia es hora de que el humano avance como ser.
GRACIAS DAMIAN A. R. altotopi@hotmail.com