miércoles, 20 de agosto de 2008

Eso estó... eso estó... eso es todo, amigos

Bueno... casi.

Hace unos días leí en el blog del buen amigo Faro Viejo la noticia de que RBD "se va a desintegrar". Me dio tanto gusto que estuve a punto de sacar el Pétillant para brindar con vino espumoso (digo, tampoco voy a desperdiciar un champaña de a deveras en algo así), cuando me fijé en que la noticia dice más bien que "van a empezar su gira de despedida". No, pues ya se fregó la cosa... en la pura gira de despedida fácil se avientan otros dos o tres años más.

Después vendrán la separación y dos o tres lustros durante los cuales saldrán a la luz los detalles sórdidos que nunca pueden faltar: que si Fulanita se va a ir a vivir a otro país, se olvidará del mole y se convertirá en toda una chica Almodóvar, que si Menganita se va a casar con un productor adinerado y lo va a dejar en la calle tras el divorcio, que si Perenganita se va a poner tan mal que le van a terminar regalando su tarjeta de cliente frecuente en oceánica, que si Zutanito sacará unos discos de baladas rancheras y música experimental que no van a comprar ni sus papás, que si Songo va a comprar un antro en la Condesa que no va a pegar, que si Borondongo va a terminar haciendo comerciales de viagra y de detergente ACE en televisión... el chiste es que aún habiendo "desaparecido", el grupo seguirá estando presente. ¿Para qué? Para preparar el momento del reencuentro, por supuesto.

La nostalgia deja mucho dinero. Pregúntenle a Timbiriche, a Menudo, y a toda la bola de reencontrados que hemos visto en los últimos años. Yo, por mi parte, todavía tengo pesadillas temiendo un rencuentro de Mercurio, o de Magneto... y ahora va a aumentar mi zozobra temiendo también el reencuentro de RBD. Ni modo, así de cruel es la vida. Por eso, yo como Santo Tomás: hasta no ver, no creer.

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