sábado, 12 de julio de 2008

Cabeza Abajo

Como si fuera poco, tras todo el asunto aquel del calentamiento global, el oscurecimiento global, la crisis alimentaria, la crisis energética y la recesión global, ahora resulta que los polos magnéticos de la tierra podrían estar invirtiéndose, de manera que lo que antes era el polo norte terminará siendo el polo sur.

En principio, este evento cíclico no tiene nada de malo per se: ha pasado muchas veces a lo largo de la historia de la Tierra. El único detallito es el período de transición, que los científicos suponen que puede durar unos cuantos cientos o miles de años, durante los cuales el campo magnético se volverá loco, debilitando la capa protectora de la Tierra y provocando que entre más radiación solar a la atmósfera. Hagan de cuenta que es como lo del agujero de ozono de los ochentas nada más que en esta ocasión afectará a todo el mundo y estará presente durante varias generaciones humanas.

No se preocupen, no pasa nada. Bueno, es probable que durante el periodo de transición queden diezmadas todas las especies migratorias que dependen del campo magnético terrestre para orientarse. Por ejemplo, llegarán aves a anidar a desiertos en lugar de a lagos, ballenas y delfines quedarán varados hasta morir, cosas como ésas. Pero la humanidad no va a tener grandes afectaciones: simplemente cambiará el clima para volverse todavía más impredecible, se desquiciarán las telecomunicaciones, colapsarán las líneas de transmisión eléctricas y el cáncer de piel se convertirá en la primera causa de muerte a nivel mundial. Y no, no empiecen con que aventar una bomba atómica en el centro de la tierra sería una buena solución: los guionistas de "El Núcleo" son escritores de Hollywood, por Dios...

Pero no se pongan tristes, a este paso ni siquiera vamos a tener que lidiar con ese problema: es muy probable que para entonces la mayoría de nosotros haya muerto de sed, de calor, de hambre, ahogado en alguna inundación o baleado como consecuencia de alguna de las guerras intestinas que se librarán por controlar los pocos recursos naturales que todavía queden hacia el segundo tercio de este siglo.

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