martes, 29 de abril de 2008

Para subir al cielo...


Para subir al cielo se necesita una escalera grande. Una escalera grande y otra chiquita, y arriba y arriba. Eso, o amarrarte a un millar de globos con helio y despegar durante una tormenta, como el Padre Adelir de Carli.



Bromas de mal gusto aparte, es una pena lo que le pasó a este hombre. Hace apenas unas horas, el ejército brasileño suspendió definitivamente la búsqueda aérea que llevaba más de una semana. Ni siquiera se sabe si cayó en tierra o en el mar. Literalmente, subió al cielo y ya no regresó. Suena trágico, pero si lo piensan un poquito creo que es una de las maneras más originales de morir, especialmente para un Sacerdote. Y lo más importante es que murió -al parecer- haciendo lo que más le gustaba.

¿Cuántas personas conocen que se la pasan quejándose de todo, de que nada le gusta, pero que a pesar de ello jamás se arriesgan, jamás se esfuerzan, jamás hacen el menor intento por cambiar su situación? ¿No les parece una manera absurda de vivir? Como tantos curas católicos, si hubiera sido conformista, el padre de Carli probablemente habría llegado a viejo pero habría fallecido sin pena ni gloria en algún rinconcito apartado de Brasil. Pero gracias a su desventura aerostática, este domingo seguramente será recordado prácticamente en la totalidad de las iglesias católicas del mundo.

Moraleja: El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.

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