domingo, 17 de febrero de 2008

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Foto: El Migrante. Alfredo Dominguez Noriega
Según una encuesta llevada a cabo por Gallup, 1 de cada 4 latinoamericanos desea emigrar permanentemente a otro país (aunque sólo 30% de ellos se iría a Estados Unidos). En Guyana, República Dominicana y El Salvador este porcentaje incluso rebasa el 50%, a pesar de que saben que, a donde vayan, se verán expuestos a discriminación y malos tratos. ¿Por qué?

Generalmente se piensa que la pobreza y el desempleo son los factores que hacen a la gente salir de su país. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que, aunque la pobreza es determinante, el desempleo no lo es. Lo que hace que la gente se quiera ir es la insatisfacción con su trabajo. En otras palabras, no es que no haya dónde trabajar, lo que pasa es que los empleos disponibles están muy mal pagados y se labora en condiciones deplorables. Y cuando la gente está insatisfecha con su trabajo, tiende a buscar mejores oportunidades en otra parte. ¿Me estás oyendo, inútil?

Siempre he pensado que mientras un repartidor de pizzas en Los Ángeles gane y viva mejor que un Ingeniero en México, seguirá habiendo migrantes ilegales, con o sin muros. Pero a medida en que las remesas sigan siendo una de las principales fuentes de ingresos de nuestros países, dudo que eso cambie. Vamos a seguir siendo indefinidamente países exportadores de esclavos.

Desafortunadamente, nuestros políticos nos han querido vender la idea de que sólo podemos aspirar a tener gobiernos ultraliberales o ultrapopulistas. Extrema izquierda y extrema derecha. Cualquiera de los dos modelos produce migraciones masivas. ¿Por qué parece ser mucho pedir aspirar simplemente a tener gobiernos honestos, sin dogmas ni intransigencias, en países con empleos decentes y bien remunerados? ¿Por qué seguimos permitiendo que los mismos corruptos de siempre nos impongan cómo vivir nuestra vida para su propio beneficio?

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