lunes, 18 de junio de 2007

Dedicado a María

No es lo mismo los 3 mosqueteros que 20 años después. Hace exactamente 20 años empecé un viaje que cambió mi vida para siempre en muchos aspectos: Francia. Uno de mis mejores recuerdos es haber pasado mi cumpleaños en la punta de la torre Eiffel. Otro de ellos es haber pasado horas enteras recorriendo caminos rurales bajo la lluvia en los viñedos de Champagne. Cómo olvidar a mi buen amigo Christophe Deram, con quien intercambié cartas durante varios años pero al que hace mucho tiempo le perdí la pista (aunque vi hace poco en internet que es un buen ciclista) y a su en aquel entonces pequeña hermanita, Zoé.

Pero recientemente he llegado a la conclusión de que ese viaje tuvo un efecto negativo. Tal vez fue efecto del lodo contaminado todavía por Chernobyl, o la visita al sitio termonuclear de Paluel, o tal vez fue una simple coincidencia, el caso es que al regresar del viaje comencé a tener problemas de salud entre los que se contó la caida masiva de cabello. Como varios meses después volvió a crecer, no le di importancia, pero desde entonces mi vida ya no volvió a ser la misma.

Me di cuenta de que algo estaba mal cuando empezaron los temblores de manos. Un día en la cafetería del liceo me fue imposible servirme un vaso de agua desde la jarra. Simplemente no pude atinarle al vaso. Luego llegaron las migrañas: dolores de cabeza terribles que me obligaban a quedarme en cama por días enteros. Me volví irritable, con cambios incontrolables de humor que yo pensaba tenían que ver con el final de la adolescencia. A veces me ponía a llorar sin razón aparente. Me obsesioné de la noche a la mañana con la novia de mi mejor amigo y la acosaba de una manera tan estúpida e incontrolable que obviamente perdí la amistad de ambos. No sabía qué me pasaba: subía rápidamente de peso y por más que hiciera dietas el problema no se solucionaba. Mi patrón de obesidad tampoco fue normal (si pudiéramos considerar a la obesidad como algo normal, claro está): me creció el abdomen de una manera tan rápida y poco común que mis sobrinos me hacían burla porque decían que tenía "las nalgas por adelante". Tuve una crisis de hipertensión durante la cual me sentí tan mal que pensé que iba a morir. No podía dormir bien por las noches, y de repente me quedaba dormido en el patio, en el salón de clases, donde fuera. Hasta llegué a pensar que me estaba volviendo loco.

Aunque dicen que el tiempo cura todo, aprendí que no todo funciona así. Con el transcurso de los años me salió papada y joroba. Dejé de meterme a albercas o nadar en la playa, porque me salieron unas estrías moradas en el abdomen que me ganaron el mote de "tigre". Me dio hipertensión. Seguí con problemas de sueño, y por las mañanas me despertaba más cansado que antes de dormir. Me dolían los músculos, se me hinchaban los pies, y empecé con problemas de gastritis y colitis. A veces me salían moretones en la piel que tardaban mucho tiempo en desaparecer. Se me puso negro el cuello y los codos. Y por más vueltas que daba viendo doctores y más doctores, nunca me mandaban hacer estudios y siempre me salían con los mismos prejuicios: es por el sobrepeso, no coma tanto. Deje de comer pan y tortillas. No tome refrescos. Es el estrés: trate de relajarse un poco más. Al paso que va no va a llegar a los 30 años.

Un glorioso día fui a ver a una doctora porque me dolía mucho el estómago. Algo comí que me cayó mal. La doctora me revisó, dio su diagnóstico pero se me quedó viendo a las marcas en mi cuello y a la joroba. ¿Hace mucho que tiene esa joroba? ¿Tiene más lesiones en la piel? ¿No tendrá estrías en el abdomen, de casualidad? ¿Resequedad en la piel? ¿Le salen moretones? ¿Se le hinchan los pies? ¿Si le toco el brazo de esta manera, le duele? ¿Tiene hipertensión? ¿Se siente fatigado por las mañanas? ¿Tiene repentinos cambios de humor? ¿Frecuentes dolores de espalda? ¿Dolores de cabeza, tal vez? La respuesta a todas las preguntas que me hacía eran afirmativas. Por fin, más de quince años después de haber empezado, aquí había una doctora que sospechaba de una enfermedad que parecía coincidir con todos mis achaques.
¿Qué tengo, doctora? Mire, no soy especialista en endocrinología pero voy a remitirlo con uno. Le voy a poner aquí que sospecho de un posible cuadro de Cushing.

El endocrinólogo pareció estar de acuerdo con la doctora. Me mandó hacer unos estudios que se llaman "de supresión por dexametasona". Consistieron en internarte UNA SEMANA en el hospital para darte dexametasona (mejor conocida por su nombre comercial, Decadron) y medir mis niveles de las hormonas ACTH y cortisol en orina y sangre por las mañanas. Me hicieron el estudio dos veces. Me tomaron radiografías y ultrasonidos de los riñones. Me hicieron tomografías y resonancias magnéticas. El resultado: tengo un quiste del tamaño de medio frijol en la glándula pituitaria, la cual es del tamaño de una uva. Eso provoca que mi cerebro produzca demasiado ACTH, el cual a su vez le ordena a las glándulas suprarrenales que produzcan demasiado cortisol. El cortisol es la hormona del estrés, y el exceso de esta hormona es la responsable de casi todos mis achaques. Es como si a diario me inyectara esteroides o cortisona.

¿Y ahora qué hacemos, doctor? Pues mire, existen riesgos de que su condición siga agravándose: podría llegar a tener problemas de disfunción eréctil, pero eso es lo de menos. Si el quiste sigue creciendo podría presionar el quiasma óptico (donde se cruzan los nervios ópticos) y dejarlo ciego. También podría tener problemas cardiacos, desarrollar diabetes o incluso caer en un coma o morir. No se preocupe, no es tan malo. Podría ser peor: el cáncer de pulmón también puede producir ACTH, pero también le hicimos estudios detallados y no tiene ese problema. Menos mal. ¿Y ahora?

Pues mire, la única cura real sería operarlo a través de la nariz, perforando la silla turca para llegar a la pituitaria y remover el quiste. Es muy difícil deshacer el quiste con medicamentos, porque el cerebro tiene varios mecanismos de protección que evitarían que llegaran estos químicos hasta la pituitaria. Tras la operación tendría que tomar hormonas durante varios meses hasta que se regularice la producción natural, pero la ventaja es que sus síntomas desaparecerían prácticamente de inmediato. Ahora bien, su condición no es tan grave todavía por lo que podríamos tratar sus síntomas controlando su problema de hipertensión y su alimentación. En caso de que su problema de hipertensión se saliera de control o que empezara a tener problemas de la vista, ahí si no habría más remedio que meter cuchillo.

Así que desde entonces he aprendido a vivir con este enemigo silencioso. Parece increíble cómo algo casi tan pequeño como un grano de arroz puede cambiarle a uno la vida. Pero por el momento mis síntomas están bajo control, aunque seguimos monitoreando continuamente mi condición esperando que la operación no sea necesaria.

María, sé que el panorama no es alentador. Pero lo único que te puedo recomendar es que veas a un buen endocrinólogo y armes tu misma un equipo de especialistas que lo complementen para que te ayuden a superar este problema. Necesitas ver al menos a un neurocirujano, un neuro- oftalmólogo y un nutriólogo para que juntos elaboren una estrategia para mejorar tu calidad de vida. Y olvídate de dietas milagrosas, charlatanes y remedios caseros. El Cushing es un problema delicado y poco común que debe ser atendido y monitoreado constantemente. Es una lucha constante contra ti mismo. No existe solución fácil a este problema, pero la buena noticia es que hay maneras de luchar contra él. Y puedes llegar a tener una calidad de vida bastante aceptable con el cuidado adecuado. Lo único que no puedes hacer es no hacer nada.

Aunque éste problema era poco difundido hace cinco años, hoy hay muchísima información al respecto. Comienza por informarte. Una búsqueda en Google, por ejemplo, da el día de hoy 1'250,000 resultados sobre el Síndrome de Cushing. Sé que suena crudo y tal vez hasta insensible decirle esto a una persona que está atemorizada ante una enfermedad que suena terrible y un futuro incierto, pero necesitas hacerte a la idea lo más pronto posible, si resulta que tienes Cushing, de que tu vida va a cambiar para siempre. Suena aterrador, pero no te deprimas y decídete a volver a tomar las riendas de tu vida. Literalmente, tu vida depende de qué tan pronto te decidas a actuar. Sé por lo que estás pasando, pero no estás sola en esto. Y creeme que vale la pena luchar. Te sorprenderá todo lo bueno que vas a descubrir de ti misma en el proceso.

3 comentarios:

maria dijo...

hola tayo!!! gracias por aclararme muchas de mis dudas... quisiera hablar contigo si es posible ... comente lo sucedido y mi mama dice que yo engordo por otras razones... creo que yo he probado mil dietas para adelgazar pero siempre me mantengo en el mismo peso ... increiblemente frustrante ... vamos a ver que pasa si logro hacerme los examenes... tqm gracias por responder tan rapido ok besos

TaYo dijo...

Jeje eso dicen todas las mamás... Pero sólo te podrá sacar de dudas la opinión de un especialista. De todas formas consulta a un buen nutriólogo (no a un dietista) comentándole tu problema y vas a ver que sí se puede bajar de peso. Eso sí, cuesta muchísimo trabajo. Saludos.

Christophe Deram dijo...
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