domingo, 8 de abril de 2007

Ecolocos

Me quedé pensando en el artículo de ayer sobre la película "An Inconvenient Truth". Ciertamente estamos ante una situación preocupante. El problema con estos asuntos es que hay gente que se fanatiza al grado de llegar a la conclusión que se presenta elocuentemente en la película "Enter the Matrix" por boca del Agente Smith: El ser humano es un virus, una infección que debería ser eliminada de la faz de la tierra para garantizar su supervivencia. Y se lo toman muy a pecho.


No recuerdo exactamente dónde leí sobre la amenaza del eco-terrorismo por primera vez. Tal vez (no estoy seguro) fue en algún capítulo del libro "Sociedad Post-Capitalista" de Peter Drucker, pero bien pudo ser en algún otro libro o artículo sobre la globalización. Pero es un problema real que empezó desde la década de los 70 y que hoy está más presente que nunca. Uno de los casos más famosos de ecoterrorismo es el caso del unabomber, quien a pesar de haber llegado a una conclusión similar a la de los ecoterrorisas no es un caso típico porque su objetivo era acabar con la sociedad industrializada por cuestiones meramente filosóficas y no por un deseo de "salvar al planeta".

Los ecoterroristas usualmente empiezan haciendo "travesuras" como la de arrojar pintura roja a las mujeres que utilizan abrigos de piel. Tal vez después se unan a grupos legítimos como Greenpeace con el fin de participar en acciones "no violentas", como interponerse entre los arpones de los balleneros japoneses y sus presas. Después pueden rebasar a estos organismos para pasar a sabotear por cuenta propia barcos atuneros porque las redes matan delfines o irrumpir violentamente en laboratorios y clínicas de belleza para liberar animales. Algunos se unen a organizaciones todavía más radicales, que exacerban su fanatismo y los llevan al grado de desear matar a quien se atreva a afectar el equilibrio natural. Estos organismos prácticamente son una mezcla de secta religiosa y célula guerrillera, y no se andan por las ramas: estos ecolocos pueden llegar al grado de incendiar cabañas habitadas con tal de "salvar los bosques". O de envenenar masivamente panes de dulce "porque se producen con trigo modificado genéticamente".

La ecología llevada al extremo es mucho más violenta y poderosa que cualquier otro tipo de fanatismo, como los fanatismos políticos, religiosos y étnicos. Cuestión de escalas, un fanático político está en contra de todos los que no ayudan a sus fines políticos, usualmente fracciones partisanas o figuras antagonistas como gobiernos locales o extranjeros. Es el caso de las organizaciones terroristas clásicas alrededor del mundo que apoyan causas independentistas. El siguiente grado es el fanatismo religioso que lleva a un nivel de terrorismo muy superior: baste recordar las barbaridades que se han cometido en nombre de Dios, desde las Cruzadas hasta los desmanes de Al Quaeda. El siguiente nivel, el fanatismo étnico, busca atacar a todo ser humano que no pertenezca a una "raza pura", la cual casualmente siempre es la propia, y llevado al extremo es tan grave que hasta se tuvo que acuñar una palabra para describir su máxima expresión: el Genocidio. Pero un fanático ecologista es un individuo que está en principio en contra de la toda la humanidad en su conjunto, porque la ve como el cáncer que está amenazando la vida en el planeta, y como tal debe ser erradicado.

Hasta el momento estos fanáticos han recurrido a amenazas, secuestros, sabotajes, asesinatos, envenenamientos, incendios, bombas incendiarias, explosivos, y misiles. Pero no hemos visto nada aún de lo que estos individuos pueden ser capaces. Se espera que en poco tiempo, cuando buena parte de las fuentes naturales de agua dulce del planeta desaparezcan debido al derretimiento de los glaciares de montaña, el agua desplazará al petróleo como principal fuente de discordia entre pueblos y países. Este escenario de crisis ecológica será terreno fértil para que las organizaciones ecoterroristas que hoy operan en la clandestinidad cobren fuerza. Cuando eso suceda, las masacres patrocinadas por Bin Laden parecerán un juego de niños.

Urge hacer algo para salvar este planeta. Pero provocar nuestra propia extinción es una solución que además de diabólica y simplista no va a resolver nada: el daño ya está hecho, lo que necesitamos hacer es trabajar activamente para revertirlo. El cambio empieza por uno mismo: empieza por cambiar los focos incandescentes por neón o LED, reemplazar los electrodomésticos antiguos por otros que ahorren más energía, caminar o utilizar una bicicleta cuando sea posible, y en general por llevar a cabo cualquier tipo de actividad personal, no invasiva y no violenta, que contribuya constructivamente a disminuir o revertir las emisiones de gases de invernadero.

Para saber más:

1 comentario:

Guido Francisco dijo...

Esas cosas no funcionan, la humanidad es egoista... Me parece un poco al extremo lo de matr personas, pero no veo q este mal sabotear una empresa que nos perjudica a todos desde plantas electricas q producen cancer a una poblacion o un buque ballenero que mata a las pocas ballenas que nos quedan todo en nombre de llenar sus bolsillos. Yo defenderia mi casa de cualquier agresor, en este caso interno. Media pila por q no quedamos sin planeta